miércoles, 14 de mayo de 2025

 Me gustaría sentirme comprendida por alguien, porque sé que solo tú lo hacías, con esa forma tan tuya de mirar el mundo como si todo doliera un poco y aun así valiera la pena.

Y es que nadie puede reemplazarte.

Ni a ti, ni a la forma en que tus palabras, siempre exactas, sabían cómo describir lo que en mí no tenía nombre.


A veces extraño nuestras conversaciones, esas en las que desarmábamos la vida como si fuera un poema demasiado largo.

Me perdía contigo en las metáforas, en emociones que no alcanzábamos a decir, en versos inconclusos, en verdades que solo se intuían.


Tu letra era hermosa. Firme y delicada a la vez, como si cada trazo supiera a dónde iba. La mía, en cambio, torpe y excesiva.

Y es que ¿quién puede sostener palabras tan grandes con manos tan pequeñas?


Y ahora dime ¿cómo escribo sin ti?

De pronto, todos los cuadernos sobraban, y mi letra perdió su rumbo, como una huella en el agua.


Amaba escribir a tu lado, porque sabía que pronto te perdería y que no tendría esta oportunidad nuevamente.

Y así fue.

Ahora solo escribo sobre el duelo, sobre el hueco que dejaste, sobre cómo me faltas a cada instante.


Hoy te extraño otra vez, como cada día.

Porque nadie, nadie ha podido habitar el espacio donde tú vivías.


Y te seguiré extrañando siempre, porque no pude vivir contigo tantas cosas que me siguen faltando… Como el día en que me vestí de blanco, o cuando me mudé de casa, o incluso ahora… Donde me encuentro preguntándome, ¿qué me dirías si estuvieras aquí?


Tal vez tendría una carta escrita con tu letra, que aún guarda el eco de tu perfume, y quizás unas palabras que me harían pensar y sonreír al mismo tiempo. Porque solo tú lograbas eso en mí.


Y hoy, al mirar atrás, el tiempo se siente distante, y lo que antes parecía enorme se desvanece, como si nunca hubiera sido tan pesado, ni tan importante.

No hay comentarios:

Publicar un comentario